When most people think of Puerto Rico’s connection to Spain, they often jump straight to 1898 — the year the island was invaded and torn away by the United States.
But the truth of our story begins much earlier.
Long before 1898, and even before the famous Constitution of Cádiz of 1812, Puerto Rico had already been recognized as a province of Spain, not a colony.
That recognition came in the year 1809 — a turning point that few Puerto Ricans today know about.
Spain in Crisis, and Puerto Rico Steps Forward
In 1808, Spain was invaded by Napoleon Bonaparte. The Spanish king, Ferdinand VII, was imprisoned, and chaos spread across the empire.
In response, the people of Spain formed local “juntas” — provisional governments — to resist the French and rule in the name of the rightful king.
Soon, these juntas united to form a single national authority:
The Supreme Central Junta of Spain and the Indies.
For the first time in history, this Junta declared something revolutionary:
“The dominions of Spain in both hemispheres form one and the same monarchy, and are not colonies but essential parts of the Spanish nation.”
With those words, Puerto Rico, Cuba, Mexico, and all the Spanish territories of the Americas were officially recognized as equal provinces of the Spanish nation.
Puerto Rico’s Right to Representation
As part of this 1809 decree, Puerto Rico was granted the right to send a representative (diputado) to the Supreme Central Junta in Spain.
It was the first time Puerto Rico was acknowledged not as a possession, but as a partner — a province with voice and rights within the Spanish monarchy.
Although the Napoleonic Wars delayed full participation, this decision laid the foundation for Puerto Rico’s first representative in the Spanish Cortes:
Ramón Power y Giralt, elected in 1810 and later serving as Vice President of the Cortes of Cádiz.
From Decree to Constitution
The ideas of 1809 became law three years later in the Spanish Constitution of 1812, known as La Pepa.
That document declared that:
“The Spanish Nation is the reunion of all Spaniards from both hemispheres.”
This phrase enshrined in law what the 1809 decree had already proclaimed — that Puerto Ricans were Spaniards, not colonial subjects.
From that point forward, Puerto Rico stood legally as part of Spain, represented in its parliament, and entitled to the same citizenship as anyone born in Madrid or Barcelona.
The Forgotten Truth
For nearly 90 years, Puerto Ricans lived as Spanish citizens — with representation, local governance, and their own parliament under the Carta Autonómica of 1897.
But in 1898, the U.S. invasion and the Treaty of Paris unlawfully stripped Puerto Ricans of that citizenship, erasing centuries of political and national identity in a single act of imperial greed.
Yet the record remains.
It is written clearly in the Spanish decrees and constitutions of 1809, 1812, 1876, and 1897:
Puerto Ricans were not a colony — they were Spaniards.
A Legacy Worth Restoring
Today, as Puerto Ricans continue to seek dignity, identity, and a rightful place among nations, the truth of 1809 reminds us of who we truly were — and who we still are by heritage and law.
We were once equal citizens of the Spanish nation, connected by language, faith, and family.
Restoring that link is not nostalgia — it is justice.
At The National Puerto Rico & Spain Initiative, we believe this history matters.
Because before we were denied citizenship, we already had it.
And now, the time has come to reclaim it.
1809: El año en que Puerto Rico pasó a ser parte de la Nación Española
Cuando la mayoría de las personas piensa en la conexión de Puerto Rico con España, suelen remontarse directamente a 1898 — el año en que la isla fue invadida y separada por los Estados Unidos.
Pero la verdadera historia comienza mucho antes.
Mucho antes de 1898, e incluso antes de la famosa Constitución de Cádiz de 1812, Puerto Rico ya había sido reconocido como una provincia de España, no una colonia.
Ese reconocimiento llegó en el año 1809, un punto de inflexión que pocos puertorriqueños conocen hoy.
España en crisis, y Puerto Rico da un paso al frente
En 1808, España fue invadida por Napoleón Bonaparte. El rey Fernando VII fue encarcelado, y el caos se extendió por todo el imperio.
En respuesta, el pueblo español formó juntas locales, gobiernos provisionales que actuaban en nombre del rey legítimo.
Estas juntas se unieron más tarde para formar una autoridad nacional única:
La Junta Suprema Central de España e Indias.
Por primera vez en la historia, esta Junta proclamó algo revolucionario:
“Los dominios de España en ambos hemisferios forman una sola y misma monarquía, y no son colonias, sino partes esenciales de la Nación Española.”
Con esas palabras, Puerto Rico, Cuba, México y todos los territorios españoles en América fueron oficialmente reconocidos como provincias iguales de la nación española.
El derecho de Puerto Rico a la representación
Como parte de este decreto de 1809, a Puerto Rico se le concedió el derecho de enviar un representante (diputado) a la Junta Suprema Central en España.
Fue la primera vez que Puerto Rico fue reconocido no como una posesión, sino como un socio: una provincia con voz y derechos dentro de la monarquía española.
Aunque las guerras napoleónicas retrasaron su plena participación, esta decisión sentó las bases para que Puerto Rico tuviera su primer representante en las Cortes Españolas:
Ramón Power y Giralt, elegido en 1810 y quien posteriormente fue Vicepresidente de las Cortes de Cádiz.
Del decreto a la Constitución
Las ideas de 1809 se convirtieron en ley tres años después con la Constitución Española de 1812, conocida como La Pepa.
Este documento declaró:
“La Nación Española es la reunión de todos los españoles de ambos hemisferios.”
Esta frase plasmó en la ley lo que el decreto de 1809 ya había proclamado: que los puertorriqueños eran españoles, no súbditos coloniales.
Desde entonces, Puerto Rico figuró legalmente como parte de España, con representación en su parlamento y con el mismo derecho de ciudadanía que cualquiera nacido en Madrid o Barcelona.
La verdad olvidada
Durante casi 90 años, los puertorriqueños vivieron como ciudadanos españoles — con representación, autogobierno y su propio parlamento bajo la Carta Autonómica de 1897.
Pero en 1898, la invasión estadounidense y el Tratado de París despojaron a los puertorriqueños de esa ciudadanía, borrando siglos de identidad política y nacional en un solo acto de ambición imperial.
Sin embargo, el registro histórico permanece.
Está claramente escrito en los decretos y constituciones de 1809, 1812, 1876 y 1897:
Puerto Rico no era una colonia — era España.
Un legado digno de recordar
Hoy, mientras los puertorriqueños siguen buscando dignidad, identidad y un lugar justo entre las naciones, la verdad de 1809 nos recuerda quiénes fuimos realmente — y quiénes seguimos siendo por herencia e historia.
Fuimos una vez ciudadanos de la Nación Española, unidos por la lengua, la fe y la familia.
Recordar ese vínculo no es nostalgia — es reconocer nuestra historia.
Sugerencia para el Thumbnail (Bilingüe)
Text Overlay:
“1809: Cuando Puerto Rico se convirtió en parte de España / 1809: When Puerto Rico Became Part of Spain”
Visual Concept:
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Fondo dividido en dos mitades: a la izquierda, la bandera de España ondeando; a la derecha, la bandera de Puerto Rico.
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En el centro, un antiguo documento o mapa de 1809 con un sello real.
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En la parte inferior, un texto pequeño:
The National Puerto Rico & Spain Initiative (TNPRSI)