Hay algo profundamente perturbador en la manera en que muchas personas se comportan en las redes sociales. No siempre es el insulto directo, ni la amenaza abierta, ni siquiera la discusión agresiva lo que más hiere.
A veces, lo que más duele es la sonrisa.
Un emoji riéndose debajo de un tema serio.
Una carita sonriente donde se habló de historia, dolor o pérdida.
Una reacción que no dice nada… pero lo dice todo.
Ese gesto comunica algo claro: “Esto no me importa.”
No importa el sufrimiento.
No importa la memoria.
No importa el impacto humano.
Y esa indiferencia puede ser más violenta que cualquier argumento.
Porque el desacuerdo, al menos, reconoce que el otro existe.
La indiferencia no.
Muchas personas no hablan de cómo este tipo de respuestas va erosionando poco a poco a quienes sienten profundamente. Personas que reflexionan, que cuestionan, que se preocupan por algo más allá de sí mismas, empiezan a dudar de su propia voz. Se preguntan si son “demasiado emocionales”, “demasiado intensos”, “demasiado sensibles”.
Y con el tiempo, algunos se callan.
No porque estén equivocados, sino porque el cansancio de ser ignorados pesa.
Si alguna vez te has sentido así, debes saber algo importante: no estás solo.
Hay millones de personas navegando el internet con conciencia, con empatía y con sentido de responsabilidad, en un entorno que premia la burla, la superficialidad y el desapego. A muchas se les hace creer que sentir es una debilidad.
No lo es.
Lo que esas risas, emojis y comentarios despectivos suelen revelar no es fortaleza ni inteligencia, sino evasión. Evasión del malestar. Evasión de la incomodidad. Evasión de tener que confrontar realidades que incomodan o cuestionan creencias profundamente arraigadas.
Cuando alguien se burla del dolor ajeno o minimiza temas serios, muchas veces no lo hace porque “no entiende”, sino porque entender implicaría sentir, y sentir implicaría responsabilidad.
Eso no los hace fuertes.
Los hace defensivos.
Y aquí hay algo fundamental que debes recordar: no estás obligado a hacerte pequeño para que otros se sientan cómodos.
En la vida real no permitimos que extraños entren a nuestras casas y nos digan cómo vivir, cómo criar a nuestras familias o qué valores debemos tener. Protegemos lo que es importante. Marcamos límites. Seguimos adelante.
Las redes sociales no deberían ser distintas.
Tus pensamientos, tus emociones y tus convicciones no pierden valor porque alguien se ría. No se invalidan por un emoji. No desaparecen porque otros decidan no sentir. Lo que crees —y por qué lo crees— no necesita aprobación de nadie que pasa deslizando una pantalla.
La respuesta más saludable frente a la crueldad digital no es el silencio nacido de la vergüenza. Es la continuidad.
Seguir siendo reflexivo.
Seguir siendo firme.
Seguir siendo humano.
No con gritos.
No con odio.
Sino con coherencia.
Los trolls se alimentan de reacción, pero se debilitan ante personas que están ancladas. Personas que saben que la empatía no es una falla y que la conciencia no es algo de lo que uno deba disculparse.
Si eres de los que no puede ignorar la injusticia, la burla o la deshumanización, no hay nada malo contigo. Ese mismo impulso es el que forma buenos padres, buenos amigos, buenos ciudadanos del mundo.
No dejes que el ruido digital te convenza de lo contrario.
Mantente firme.
Mantente humano.
Mantente fiel a ti.
Soy Edwin Ortiz, y esta es la Iniciativa Puerto Rico y España.
1809: The Year Puerto Rico Became Part of the Spanish Nation
When most people think of Puerto Rico’s connection to Spain, they often jump straight to 1898 — the year the